“El abrir
nuestros ojos y agudizar nuestros oídos al otro es cruzar
una puerta
que esconde otra puerta, que esconde…”
César Ruiz
Dedicadas desde hace mucho tiempo a la temática de la Diversidad y la Inclusión en distintos ámbitos, creamos este espacio que propone, por un lado, actualizar y profundizar su conceptualización, y por otro la creación de nuevos modos de abordaje que faciliten la producción de procesos de inclusión.
En la actualidad y como producto de
esas experiencias, consideramos que lo central es la problemática de la
diferencia y su relación con el otro y la alteridad.
En este sentido, resulta necesario
enfocar la atención en la idea de alteridad en lugar de referirnos a la noción
de diversidad, debido a que consideramos que el término diversidad se
transformó, como consecuencia de la promoción del consumo, en una mercancía.
Esto produjo un vaciamiento de significado y una pérdida del anclaje humano en
el que había surgido.
Como toda temática humana, el
ámbito del otro y la inclusión se caracteriza por su complejidad, o sea por
estar constituido por el entrecruzamiento de múltiples variables que
interactúan entre sí. Estas variables son estudiadas por diferentes
disciplinas, como así también por las disciplinas artísticas cuya expresión
ahonda en las profundidades del ser humano. Consideramos, en consecuencia, que
el abordaje es necesariamente interdisciplinario.
Muchas
de las conceptualizaciones producidas hasta hoy en diferentes ámbitos han
tenido escaso impacto en las comunidades que trabajan con personas de
diferentes características. Creemos que esto se debe a la ausencia de
interacciones entre disciplinas, lo que permitiría enriquecer la dialéctica
teoría/práctica.
En
este espacio pretendemos trabajar en el nivel estructural de la problemática
para lo cual nos formularemos preguntas y ensayaremos respuestas siempre
provisorias. Dado que se trata de un espacio de puertas abiertas, en él
queremos alojar el análisis del problema desde distintas perspectivas, en
congruencia con la idea de interdisciplinariedad. Para ello, incluiremos los
aportes de distintos grupos que nos ayudarán a explorar nuevos modos de mirar
la cuestión.
Sabemos
por nuestras experiencias vitales, que el punto del cual partimos determina una
trayectoria que hubiera sido otra si el punto de partida también lo fuera.
Nuestro punto de partida es considerar que la Diferencia es un problema.
Según
la RAE, la diferencia es la característica que distingue una cosa de otra. Se
trata de una cualidad o circunstancia que hace que una persona, idea, objeto o
situación sea distinta de otra con la cual es comparada.
Gimeno
Sacristán (1999) propone que la diferencia es una manifestación del ser
irrepetible que es cada uno. Su definición muestra la posibilidad de
superar el etnocentrismo desde el cual consideramos al otro.
A
esta interpretación podemos contraponer la noción de diferencia que aporta la
matemática: lo que le falta a algo para llegar a ser otra cosa. Aparece
aquí una idea que podríamos vincular a cierta falta, a cierta carencia.
Esta
manera de mirar la diferencia aparece en múltiples disciplinas y por mucho
tiempo ha sido una explicación aceptada de los “hechos” del mundo. En La
relación con el saber. Elementos para una teoría, el pedagogo Bernard
Charlot describe ciertos modos de analizar la diferencia desde la carencia, y
la llama “lectura en negativo”, señalando que “La lectura en negativo reifica
las relaciones para convertirlas en cosas”. De este modo, se crean objetos que
se naturalizan, como el fracaso escolar, la discapacidad, los “sin techo”, y se
explican asumiendo la carencia de ciertas personas como causa de su existencia.
Charlot
propone, en cambio, desarrollar una “mirada en positivo” que recupera la idea
de relación y parte de poner atención en lo que las personas efectivamente
hacen, logran, tienen. No se trata, sin embargo, de una mirada ingenuamente
optimista ni tampoco de negar las características de la situación o de las
personas. Por ejemplo, en el caso de los alumnos que fracasan en la escuela, se
busca comprender “cómo se construye una situación de alumno que fracasa en un
aprendizaje y no lo que le falta a esta situación para ser una situación de
alumno que alcanza el éxito”.
Este
modo de interpretar el mundo se viene desarrollando en muchos ámbitos; entre otros,
los estudios de género, el campo de la educación inclusiva, la etnomatemática.
La
lectura en positivo de la diferencia no solo implica una mirada respetuosa del
otro sino también su reconocimiento como semejante, como sujeto y no como
objeto.
Volviendo
a nuestro punto de partida, con respecto a qué consideramos problema,
recurrimos al ámbito de las Didácticas Específicas. Allí es posible
caracterizarlo como toda situación para la cual no se dispone de una estrategia
de resolución inmediata.
Como hemos querido mostrar hasta aquí, acudimos a
diversos ámbitos de producción de conocimiento para construir nuestra posición
respecto de la diferencia como problema. En este sentido, el recorrido que
queremos proponer es multidimensional, dado que cada disciplina y sus objetos
de estudio ofrecen diferentes amplitudes y perspectivas.
Por otro lado, para que la cronología de los hechos
no se constituya en un obstáculo, proponemos un recorrido multidireccional. De
este modo contamos con la posibilidad de desplazarnos en la historia de esta
temática con libertad.
Nuestras
experiencias en talleres y encuentros académicos nos llevan a identificar
ciertas respuestas usuales frente a la diferencia. Entendemos que el tema
provoca resistencias. ¿Cuáles serían algunas evidencias de ellas? Se desestima,
se ignora, se repiten palabras -diversidad e inclusión, por ejemplo-, que
por tanto repetidas se vacían de contenido.
Es posible encontrar en la historia
rastros de las resistencias que identificamos en la actualidad. A
principios del Siglo XX, según relata Andrés Alberto Masi
Rius, “en la Argentina se orientó a construir
una identidad nacional mediante un proceso de adecuación del inmigrante a la
sociedad receptora, requiriendo que éste adquiera la cultura, costumbres y
modos de vida de la comunidad de acogida, dejando a un lado los suyos propios
y, de este modo, hacer desaparecer su condición de extraño o diferente.
El diseño de distintos dispositivos y
prácticas estatales intentó modificar la subjetividad que los inmigrantes
traían de sus países de origen, como así también los que portaban los
nativos, debiendo adoptar un nuevo modo y forma de ser único,
amalgamándolos en lo que se denominó crisol de razas.”
Otros países optan por el modelo
mosaico o también llamado multicultural, el cual expresa
una alternativa interesante a la hora de abordar el tema de la
inmigración. El mosaico se basa en el principio de
igualdad o de no discriminación (en función de la cultura, la lengua, la
religión, la nacionalidad, el género, etc.). Este modelo surgió como reacción a la tendencia hacia la
uniformización cultural; aquí la identidad y los valores culturales de los
inmigrantes y nativos se convierten en el pilar básico sobre el que se apoya
este modelo.
En el ámbito educativo también podemos
encontrar modelos con estas características: la integración escolar y la
educación inclusiva. La integración supone una forma educativa basada en que el
alumno debe demostrar capacidades de adaptación a la propuesta escolar que se
le ofrece y a las condiciones del sistema educativo para poder acceder,
permanecer y egresar de la escuela.
La perspectiva de la educación
inclusiva sostiene que todas las personas, independientemente de sus
características, tienen derecho a compartir la vida escolar y aprender juntas.
Así, todos los alumnos son estudiantes legítimos de la misma escuela. Son
entonces las instituciones las que deben ser transformadas para alojar a todos,
y no los alumnos los que deben demostrar condiciones de adaptabilidad.
En La expulsión de lo distinto,
Byung-Chul Han[1] dice que “(...) La comparación
igualitaria total conduce a la pérdida de sentido”, para agregar que “(...) El
violento poder de lo global barre todas las singularidades que no se sometan al
intercambio general”.
Estos modos de producción de subjetividad –crisol de
razas, integración escolar- llevan a rechazar la diferencia. En estos
paradigmas, en contraposición a los que plantean la construcción de lo común a
partir de las diferencias, preexisten ideales considerados normales que deben
ser alcanzados por todos. La consecuencia para quienes no pueden alcanzarlos
es, indefectiblemente, la segregación o la exclusión.
Pensamos que la comunidad en
general, y en particular los docentes y los profesionales de la salud, tienen
información acerca de la diversidad como así también de los alcances de los
conceptos de integración e inclusión, pero es una información que no produce
transformación subjetiva, no se transforma en saber acerca de. En este punto
encontramos un serio obstáculo para la implementación de programas de inclusión
que terminan siendo meras etiquetas por un lado y decretos por otro.
Todos,
como parte de la comunidad, debemos tomar conciencia del obstáculo que
representa no identificar a la diferencia como problema.
En
este espacio nos abocaremos a construir herramientas para facilitar la
transmisión de aquello que consideramos el fundamento, el piso sólido sobre el
cual crear nuevas formulaciones y estrategias en torno al otro y la alteridad.
Invitamos
a todos los lectores a participar de este proyecto compartiendo comentarios,
opiniones, ideas, preguntas y materiales acerca de estos temas.